Todas las noches, Victoria Rodríguez se va a dormir con miedo. Abraza fuerte a su hija de trece años y trata de conciliar el sueño. A unos metros descansan sus otros dos hijos, de 9 y 6 años. En la misma casita de Malabia al 2300 de Villa de Mayo, duerme su ex marido. Victoria lo acusa de haber sido cómplice del intento de abuso y golpes que sufrió por parte de su sobrino político, Juan Pablo Iuso, quien vive en el mismo terreno. La Justicia le dictó una medida perimetral, Iuso no puede acercarse a ella. Sin embargo, no la cumple y la sigue amenzando. “Todos me dicen que me tengo que ir yo, pero no es así”, se repite Victoria.

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El jueves pasado, el agresor la amenazó: “Te vamos a prender fuego la casa”. Victoria tiene miedo, un sentimiento que se mezcla todo el tiempo con la rabia, la impotencia y el llanto. Victoria denunció el hecho en reiteradas oportunidades en las fiscalías descentralizadas de Malvinas Argentinas, en la Comisaría de la Mujer y en el Juzgado de Paz, pero la causa nunca avanzó. Ni siquiera se le realizaron las pericias de rigor a su cuerpo golpeado. Solo existe la perimetral, pero ninguna entidad se ocupa de su ejecución.

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Esta tarde, en la esquina de Presidente Perón y Marañón, a unas diez cuadras de la Ruta 202, escracharon a Iuso en su lugar de trabajo, una especie de chatarrería sobre la avenida. Durante la marcha, con bombos y corte de calle, Victoria caminaba rápido, nerviosa, con un cigarrillo en la mano. Quería encontrarlo, mirarlo a los ojos, increparlo y decirle que la deje en paz. La sorpresa fue saber que Iuso ya no trabajaba más ahí. Pero salió el dueño de la chatarrería, un hombre canoso, de ojos verdes, sorprendido por semejante despliegue. Victoria le mostró la denuncia policial, fotos en donde se lo ve a Iuso con armas de distinto calibre. Las amenazas, los golpes.

Mientras tanto, en la calle Presidente Perón acompañaban el pedido de Justicia las Defensorías de Género de Luján, de La Cava y de Malvinas Argentinas, encabezado por Carolina Abregú. También estuvieron los chicos de la murga Los Rompebolas y Claudia Pereyra del Partido Obrero.

El dueño le aseguró que Iuso no trabajaba más allí desde al menos 20 días, pero sí su padre. “Es terrible”, repetía. El hombre le contó a Victoria que el 3 de junio le llegó una carta documento de Iuso: le iniciaba un juicio laboral. Lo curioso fue el domicilio que colocó en la carta de Correo Argentino. No correspondía a la casa sobre la calle Malabia. Figuraba una calle del Barrio San Pablo, en la localidad de Don Torcuato, partido de Tigre. Victoria le hizo una devolución de favores y le dijo que Iuso fue el responsable del robo que sufrieron en la chatarrería el año pasado. “Comían en mi mesa”, dijo apesadumbrado el hombre que no salía de su asombro.

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