Hoy, hace 15 años volvía en bici del laburo. Recuerdo que iba todos los días pedaleando desde Grand Bourg al Talar de Pacheco para que la plata me alcance. Salía a las 4 de la mañana y volvía casi a las 4 de la tarde, cobraba 400 pesos por mes. Ese día salí temprano del laburo. Desde hacía días se escuchaba que iba haber saqueos en la fábrica.

Ya se sabía que iba pasar. En mi barrio ese día se salía a pedir la mercadería que no se podía comprar para pasar Navidad y Fin de Año. 

Cuando volvía a casa, alrededor del mediodía, empecé a ver mucha gente en la calle en medio del calor de diciembre corriendo, movilizada, me crucé varios patrulleros.

Paré cerca de la estación de Nogués, frente a un mercado que estaba casi vacío por los saqueos. Era mucha gente… me quedé inmóvil viendo la escena, sin saber qué hacer. Se me cayeron unas lágrimas, que después entendería su porqué.

Me volví a subir a la bici y me fui a casa. A la tarde me encontré con una amiga. Yo tenía ganas de ir a la Capital por lo que veía en la tele, pero no había posibilidad. No sabía cómo hacer, el clima que se vivía era de miedo. Me quedé a pasar la noche en el barrio donde vivía mi amiga. Allí, junto a varixs vecinxs nos quedamos armando barricadas en las esquinas, prendiendo fueguitos, así creo que pasaron dos noches.

Pasó el fin de semana aún sin entender mucho en que iba terminar todo, pero con la claridad de que lo que sucedía era por el hambre que había.

A la semana del 19 y 20 fui a Plaza de Mayo. Era una movilización, fui sola y con un objetivo: buscar un lugar donde poder hacer algo. Allí conocí a unas compañeras y les dije lo que quería.

Me miraron y se miraron como pensando qué decirme, me sugirieron que podía ir a un movimiento de desocupadxs, ahí funcionaba un comedor, estaba en Los Polvorines, era cerca de Grand Bourg.

Fui casi corriendo, al día siguiente ya estaba rodeada de lxs pibitxs y las mujeres del comedor.

No recuerdo cómo fue seguir yendo a la fábrica esos días. Solo sé que llegué hasta el 30 diciembre de 2001, día que me despidieron con la mitad de la indemnización que me correspondía por haber laburado durante 7 años haciendo helados.

Desde entonces, sin laburo contradictoriamente, supe qué hacer y eso hice.

Nunca dejar de luchar, siempre permitirme emocionar y no perder la dignidad jamás.

Sandra San, militante de Las Simonas.

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