Donantes de médula ósea: un asunto de almas gemelas

La historia de Ruben Reyna, el vecino de Los Polvorines trasplantado de médula que le ganó a la muerte y hoy ayuda a trasplantados y fomenta la importancia de ser donante.

Aprobado, se escucha por los altoparlantes. Un aplauso cerrado y de pie de todos los presentes en el Concejo Deliberante parece acariciar la sonrisa de Ruben Reyna que se para de su asiento, visiblemente emocionado, y saluda a todos como puede. El instante se atesora. Por su cabeza pasarán, quizá, los recuerdos de aquellos días de 2015 en los que tuvo que aprender, producto de una leucemia, que existen las almas gemelas. Sin reparos de lo fantasioso que pueda parecer, quienes lo acompañan, también saben que esas almas fueron vitales para traerlos al presente, como a Rubén, gracias al trasplante de médula.

El momento emotivo corresponde a la aprobación, durante la ultima sesión, de la declaración de interés legislativo del 1° de abril como el Día Nacional del Donante de Médula Ósea, llevada al recinto por la concejal de Unidad Ciudadana, Jimena de Lara.

El 13 de marzo de 2015 Rubén, vecino de Los Polvorines, comenzó a sentir dolor de garganta. Luego de recurrir a distintos hospitales, tuvo la suerte de dar con un médico de guardia del Hospital Municipal de Oncología María Curie quien estudiaba la especialización en oncología y “la pegó” con el diagnóstico rápidamente: habían detectado leucemia. Para Semana Santa Rubén ya estaba internado con sesiones de quimioterapia. 

Casi como una parábola del destino, aquel martes 1° de abril de 2015, plena semana santa, el diario Clarín ilustraba su tapa con una foto del abrazo del periodista Jorge Lanata a su donante de riñón en la sala de internaciones de la Fundación Favaloro. El conductor del ya extinguido programa Periodismo Para Todos había recibido un órgano vital de Nora a través de un mecanismo con intercambio de donantes vivos no relacionados. La acción era novedosa en Argentina: la mujer del fundador del diario Pagina 12 había donado uno de sus riñones al hijo de Nora.

El mismo día, en otro lugar de la Argentina, Rubén debía aprender sobre donaciones, ADN y compatibilidades entre personas de cualquier parte del mundo, en la antesala de una experiencia que le valdría la vida. El objetivo era encontrar a su alma gemela en cualquier parte del mundo para realizarse un trasplante de médula ósea. “Es un asunto del crisol de razas”, dice.

“A los tres meses, en julio, ya sabia que era mi hermana la donante. En agosto, cuando ya estaba en casa, sano, porque no había cáncer, me llaman que ya tenia todo listo y que me tenia que internar el 2 de septiembre. El trasplante iba a ser el 10 y mi hermana se internó el mismo día para la extracción de sangre y plaquetas”, explica Rubén a Malviticias.

Por esos días, un médico le dijo a Rubén: “Yo creo en los milagros aunque no creo que sea tu caso. Tu cáncer está más cerca de despertarse en dos días que en 20 años. Una vez que se te despierta se te fue el tren y es muy triste ver como la gente corre el tren y no lo alcanza”. Fue suficiente para que tomara la decisión de matar la médula enferma para permitir el ingreso de una nueva que llegaba de su hermana. “Fue un bajón porque me interné sano”, recuerda.  

El tipo de trasplante que le realizaron es conocido como haploidéntico y empezó a implementarse en Argentina en 2010: la donación de médula proviene de un familiar directo con el cual solo es compatible en un 50%. El resultado puede traer complicaciones al paciente ya que lo ideal es obtener médula de una persona con mayor grado de compatibilidad en el ADN.

“En agosto de ese año ya tenia el resultado de histocompatibilidad a nivel mundial. En mi caso, recibí la mpedula de mi hermana, que fue decidida por lo agudo de mi enfermedad, pero tenia más de 100 donantes en el mundo”, recuerda Rubén.

Hacer los estudios para recibir el trasplante implica una demora que puede alcanzar los nueve meses. Tienen que realizarse una serie de estudios al paciente, primero, y obtener la muestra que viaja al único sistema de comparación mundial, que se encuentra en Estados Unidos. Allí se buscan pistas de parecidos y se comparan las muestras para acercarse al 100% de compatibilidad. El donante puede ser de cualquier rincón del mundo pero, aún encontrándose la compatibilidad mediante un proceso que lleva tiempo, tres factores son cruciales: tiene que estar vivo, no haberse arrepentido de ser donante y no haberse realizado una cirugía en el último año. 

“En mi ADN tengo una ensalada. Tengo compatibilidad por Europa y hasta en Argentina pero, así y todo, al no ser familiar había que mandar la muestra a Estados Unidos. La proporción de esas almas gemelas son de una en 40 mil. Es probable que sea donde tengas tu ascendencia”, desarrolla Rubén. 

Después del transplante, el vecino de Los Polvorines decidió comenzar una campaña de concientización y donación de médula, para ayudar a otros enfermo, que bautizaron el ceroblasto. El nombre proviene de una formación de células inmaduras que se comparan con los glóbulos blancos pero llevan el nombre de mieloblastos, más conocidos como blastos. En cada punción de médula que se realizan los trasplantados es muy determinante que no se encuentren blastos, o que se obtenga un porcentaje bajo. 

“Las campañas las hacemos en las plazas. Pedimos permiso en los municipios y llamamos al Hospital Posadas o al Hospital Garrahan. Ellos llegan al lugar, estacionan sus camiones y nosotros anunciamos por las redes que se va a hacer la donación de sangre con registro de médula osea, a potencial donante y les contamos los casos”, cuenta Rubén. 

“Durante todo este tiempo me junté con otros trasplantados y nos fuimos acoplando al trabajo de otras ONG. La idea es concientizar a la mayor cantidad de personas posibles porque cuanto más registradas más posibilidades hay de realizar un trasplante y de encontrar al alma gemela de la persona que está enferma”, cierra, con una sonrisa, Rubén.

 

 

Malviticias

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