Los científicos proponen una nueva forma de ordenar los elementos

La tabla periódica de los elementos, creada principalmente por el químico ruso, Dmitry Mendeleev (1834-1907), celebró su 150 aniversario el año pasado. Sería difícil exagerar su importancia como principio organizador de la química: todos los químicos en ciernes se familiarizan con ella desde las primeras etapas de su educación.

Dada la importancia de la tabla, se podría perdonar que se piense que el orden de los elementos ya no está sujeto a debate. Sin embargo, dos científicos de Moscú, Rusia, han publicado recientemente un propuesta para un nuevo pedido.

Consideremos primero cómo se desarrolló la tabla periódica. A finales del siglo XVIII, los químicos tenían clara la diferencia entre un elemento y un compuesto: los elementos eran químicamente indivisibles (por ejemplo, hidrógeno, oxígeno) mientras que los compuestos constaban de dos o más elementos combinados, con propiedades bastante distintas de las de sus elementos componentes. A principios del siglo XIX, hubo buena evidencia circunstancial por la existencia de átomos. Y en la década de 1860, era posible enumerar los elementos conocidos en orden de su masa atómica relativa; por ejemplo, el hidrógeno era 1 y el oxígeno 16.

Las listas simples, por supuesto, son unidimensionales por naturaleza. Pero los químicos eran conscientes de que ciertos elementos tenían propiedades químicas bastante similares: por ejemplo, litio, sodio y potasio o cloro, bromo y yodo. Algo pareció repetirse y colocando elementos químicamente similares uno al lado del otro, se pudo construir una mesa bidimensional. Nació la tabla periódica.

Es importante destacar que la tabla periódica de Mendeleev se había derivado empíricamente sobre la base de las similitudes químicas observadas de ciertos elementos. No sería hasta principios del siglo XX después de que se hubiera establecido la estructura del átomo y siguiendo el desarrollo de la teoría cuántica, que surgiría una comprensión teórica de su estructura.

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Los elementos ahora estaban ordenados por número atómico (el número de partículas cargadas positivamente llamadas protones en el núcleo atómico), en lugar de por masa atómica, pero también por similitudes químicas. Pero este último se deriva ahora de la disposición de los electrones que se repiten en las llamadas “capas” a intervalos regulares. En la década de 1940, la mayoría de los libros de texto presentaban una tabla periódica similar a las que vemos hoy, como se muestra en la siguiente figura.

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